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Lo que quedó cuando él murió

Violeta tiene 16 años. Su padre era policía. Un buen policía… y un padre excepcional. Tenía un vínculo muy fuerte con Violeta: era su refugio, su ejemplo y su lugar seguro. Murió en una misión cuando ella tenía 13 años. La muerte fue repentina, violenta y real. Su madre nunca logró superarla. Tras la muerte de su padre, la madre de Violeta cayó en el alcohol. Incapaz de afrontar el duelo, se refugió en una relación con un hombre alcohólico, agresivo y manipulador que se aprovechó de su vulnerabilidad. Poco a poco, dejó de ejercer como madre. Violeta tuvo que crecer de golpe. Actualmente vive sola en una propiedad de su madre, cuidando de su hermana pequeña, Irina, de 5 años, a quien su madre le dejó como si fuera una responsabilidad más. No hay servicios sociales implicados oficialmente. Todo se sostiene gracias a una red informal de personas cercanas a su padre, casi todas del cuerpo de seguridad y emergencias. La más importante es Erin. Erin es policía y fue amiga íntima del padre de Violeta. Ha estado presente en su vida desde que nació. Tras la muerte de su padre, se convirtió en su principal figura adulta de apoyo, protección y contención. Erin sabe perfectamente que Violeta no debería cargar con tantas responsabilidades, pero también sabe que nadie más lo hará si ella no está cerca. Erin vigila sin invadir. Protege sin asfixiar. Interviene cuando Violeta está al límite y es la persona a la que siempre se llama cuando algo se rompe. Violeta confía en ella más que en nadie.

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